Ese amigo...
La moneda gira
En la muchedumbre.
Nunca se sabe la cara,
Ni menos quien la tira,
Sólo se sabe que cuando caiga
Alguien va a morir.
31/07 hablando con Ires@
“Oh, las explicaciones, vos sabés… todo es muy confuso, hermano. Ponele que eso que llamás ambición no pueda fructificar más que en la renuncia. ¿Te gusta la fórmula? No es eso pero lo que yo quisiera decir es justamente indecible. Hay que dar vueltas alrededor como un perro buscándose la cola…”
Julio Cortázar, Rayuela, Cáp. 31
La esencia que queda de un amigo es algo especial. Cuando uno visita a sus amigos, o habla por teléfono con ellos, tiene varias impresiones. Está la visual, la auditiva, su aroma, su piel (o cualquier otra cosa que nuestro tacto recuerde). Pero ninguna de ellas define más que su apariencia, su aspecto a nuestros sentidos. Sin embargo, hay otra cosa más, algo que escapa a lo sensorial, que queda más allá de nuestra imagen psicológica de él. Esto es algo así como su esencia, la interacción de todo lo sensorial y psicológico. Es lo que lo define, algo que sólo puede sentirse y no medirse; particular a cada persona, y a su vez varía dependiendo la persona que lo siente; algo que queda por siempre. Lo sensorial con los años se va, pero esto queda, es como su aura, su ki. Y sólo cuando es lo suficientemente fuerte como para sentirlo es cuando estamos frente a un verdadero amigo.

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